RECURSOS DE FORMACIÓN BÍBLICA EN TODO EL MUNDO

Ayudando a Nuestros Hijos a Crecer en Amor Piadoso

12. Aprender a Confesarnos Nuestros Pecados Los Unos a Los Otros

En nuestro tema anterior, vimos que una de las formas en que mostramos el amor de Cristo es aprendiendo a tener compasión los unos de los otros. Hoy, veremos otra forma clave en la que nosotros, como Cristianos, mostramos amor los unos a los otros. Santiago 5:16 dice: “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.” Aquí, vemos que, cuando hemos cometido un pecado o una falta contra otro cristiano, debemos ir con el hermano o la hermana y confesarles nuestro pecado. Este es también un principio muy importante para enseñar a nuestros hijos físicos y espirituales.

La palabra que se traduce como “ofensas” o “transgresiones” se usa veintitrés veces en el Nuevo Testamento y se traduce con las palabras “transgresiones”, “ofensas”, “pecados” o “caída”. Cristo usó la palabra tres veces en Mateo 6:14-15, donde leemos: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.” Habla de un pecado o una desviación de la verdad.

Gálatas 6:1 dice: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.” Aquí, vemos que habla de una persona que es sorprendida en el acto mismo de pecar. Cuando eso sucede, este versículo también enseña que nuestra meta es la restauración del hermano, no la condenación. Cristo demostró este deseo, en Juan 8:10-11, cuando le dijo a la mujer sorprendida en el acto de adulterio: “Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.” Aquí, vemos que el objetivo de Cristo era restaurar a la mujer, para que pudiera comenzar una nueva vida.

Sin embargo, hoy en día, una de las mayores necesidades entre Los Cristianos es la sanidad de las relaciones. Muchos Cristianos han creado barreras entre ellos y otros Cristianos debido a su pecado. Como resultado, no hay comunión, ni comunicación significativa, entre esos Cristianos. El contexto de los versículos previos a Santiago 5:16 muestra que se debe llamar a los ancianos de la iglesia para orar por un cristiano que está enfermo. Luego, continúa diciéndonos que confesemos nuestras ofensas los unos a los otros. Esto es una indicación de que parte de la enfermedad que experimentan Los Cristianos es el resultado de pecados no confesados y conflictos entre Cristianos. Como resultado, el contexto muestra que la confesión de pecados puede conducir tanto a la sanidad física como a la espiritual, así como a la restauración de las relaciones. Queremos mostrar a nuestros hijos cómo sanar las relaciones rotas.

Cristo dio un modelo para la sanidad de las relaciones que han sido rotas por el pecado enre Lucas 17:3-4, donde leemos: “Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano peca contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día peca contra ti, y siete veces al día volvier a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale.” En estos versículos, vemos que debemos prestar atención a lo que hacemos. Debemos tratar de evitar cualquier cosa que pueda causar relaciones rotas. Sin embargo, no podemos controlar lo que hacen los demás, por lo que es posible que otra persona peque contra nosotros y rompa una relación. En ese caso, Cristo dijo que esto es lo que debemos hacer para tratar de sanar esa relación.

Queremos mostrar a nuestros hijos la importancia de ir con un hermano o hermana que ha pecado contra nosotros con el objetivo de sanar la relación, no de condenar a la persona. Para sanar la relación, vemos que debemos reprender al hermano o hermana. Esto significa que hablamos directamente con la persona a solas, no le contamos a otros lo que ha sucedido. “Reprender” significa decirle a la persona el pecado que ha cometido y cómo ese pecado ha afectado nuestra relación con ella. Mientras hablamos con la persona, Gálatas 6:1, citado anteriormente, dice que nuestra meta es restaurar a tal persona con un espíritu de mansedumbre, para que nosotros mismos no seamos tentados a pecar.

A continuación, Cristo nos dijo qué debemos hacer si la persona se arrepiente de lo que ha dicho o hecho. Cristo dijo que si la persona se arrepiente, debemos perdonarla. “Arrepentirse” significa cambiar de opinión acerca de lo que una persona ha dicho o hecho. Significa que una persona se da cuenta de que ha hecho algo malo, cambia de opinión sobre esa palabra o acción y pide ser perdonada. Cristo dijo que nuestra parte es perdonar a esa persona. “Perdonar” significa dejar ir ese pecado. Cuando dejamos ir ese pecado, ya no lo tendremos en cuenta contra la persona.

De hecho, Lucas 17:4 señala el hecho de que debemos seguir perdonando a la persona, incluso si peca contra nosotros siete veces en un día. Cada vez que la persona peca contra nosotros, debemos ir nuevamente con ella y decirle cómo el nuevo pecado ha afectado nuestra relación. Como hicimos la primera vez, debemos restaurar a tal persona con mansedumbre. Esto significa que también seguiremos las instrucciones de Efesios 4:15, donde se nos dice que hablemos la verdad en amor. Independientemente de cuántas veces una persona peque contra nosotros, debemos hacer que nuestra meta sea restaurar la relación. A medida que nuestros hijos físicos y espirituales nos vean poner este principio en práctica en nuestras acciones, aprenderán, de nuestro ejemplo, la importancia de restaurar las relaciones.

Sin embargo, Santiago 5:16 habla de algo aún más personal que cuando una persona ha pecado contra nosotros. Santiago 5:16 habla de lo que debemos hacer cuando hemos cometido un pecado contra alguien más. Ese versículo dice: “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.” Cuando hemos cometido una falta contra otra persona, no debemos esperar a que ellos vengan a nosotros y nos reprendan por nuestro pecado. En cambio, debemos ir con esa persona, o personas, y confesar que hemos cometido un pecado contra ella.

Como padres, hay momentos en los que decimos o hacemos cosas contra nuestros hijos que son pecado. Efesios 6:4 dice: “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira vuestros hijos, sino crialos en disciplina y amonestación del Señor.” Cuando nos damos cuenta de que hemos pecado contra ellos, necesitamos ir con nuestros hijos y pedirles que nos perdonen por lo que hemos dicho o hecho. De esta manera, les estamos mostrando, con nuestro ejemplo, la importancia de ir a otros cuando hemos pecado y no esperar a que ellos vengan a nosotros. Así, nuestros hijos aprenden a confesar sus pecados cuando pecan contra otros.

Santiago 5:16 nos dice que hagamos una segunda cosa cuando hemos confesado nuestros pecados. Vemos que, una vez que hemos confesado nuestros pecados, debemos orar unos por otros. Una de las formas más poderosas en que podemos mostrar nuestro amor por nuestros hijos es confesar que lo que dijimos o hicimos fue un pecado contra ellos y, después, pedirle a ese niño o a esos niños que oren por nosotros. Mientras nuestros hijos oran por nosotros, se dan cuenta de que nos hemos humillado delante de ellos. Estaremos modelando para nuestros hijos el significado de Filipenses 2:3, que dice: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien, con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo.” Ellos se darán cuenta de la importancia de dejar de lado todo orgullo y confesar sus pecados cuando pecan contra otros.

Este también puede ser un momento para animar a nuestros hijos físicos y espirituales a orar por nosotros todos los días y pedirle al Señor que nos dé su fuerza para ser un ejemplo piadoso para ellos. Esto les ayuda a darse cuenta de que necesitamos las oraciones de otros, así como ellos necesitan las oraciones de otros. Incluso podemos sugerirles que usen un pasaje como Efesios 3:16-19, que enumera cinco cosas específicas por las que pueden orar por nosotros. Esos versículos dicen: “Para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.” Ayuda a tus hijos a darse cuenta de que pueden orar:

  1. que Cristo te fortalezca con poder por medio de su Espíritu en el hombre interior
  2. que Cristo habite en tu corazón por la fe
  3. que estés arraigado y cimentado en amor
  4. que conozcas el amor de Cristo que sobrepasa todo conocimiento
  5. que seas lleno de toda la plenitud de Dios

Vemos los resultados cuando confesamos nuestros pecados unos a otros y oramos unos por otros. Santiago 5:16 dice que seremos sanados. Esta confesión, y oración unos por otros, sin duda sanará nuestras relaciones mutuas y quitará esos pecados que han sido un obstáculo para nuestra comunión juntos. El contexto muestra que tal confesión, y oración unos por otros, incluso puede traer sanidad emocional o física unos a otros. 1 Corintios 11:28-30 dice: “Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen.” Estos versículos nos recuerdan que el pecado no confesado puede llevar a debilidad emocional, enfermedad física o incluso a la muerte física.

El Señor nos da el gran privilegio de impactar las vidas de nuestros hijos físicos y espirituales al darles ejemplo al confesar nuestros pecados unos a otros y orar unos por otros para que las relaciones puedan ser sanadas. Santiago 5:16 nos promete que la oración eficaz y ferviente de una persona justa puede hacer mucho. Que el Señor te bendiga ricamente al mostrar amor a tus hijos físicos y espirituales al modelarles cómo sus oraciones pueden tener un gran impacto, incluso en tu vida.

Serie Creciendo Familias Piadosas – Ayudando a Nuestros Hijos a Crecer en El Amor Piadoso 12. “Aprendiendo a Confesarnos Nuestros Pecados Los Unos a Los Otros” Actualizado en Agosto de 2026 Derechos de autor © 2005, Duane L. Anderson, American Indian Bible Institute; 2022, DLA, Serve and Equip Todas las citas bíblicas de esta publicación han sido tomadas de la Reina-Valera 1960®. Utilizado con permiso. Este recurso está disponible y se distribuye gratuitamente por Serve and Equip https://sveq.org CUALQUIER REPRODUCCIÓN DE MATERIAL PARA REVENTA O GANANCIA ESTÁ ESTRICTAMENTE PROHIBIDA

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