RECURSOS DE FORMACIÓN BÍBLICA EN TODO EL MUNDO

Ayudando a Nuestros Hijos a Crecer en El Amor Piadoso

22. Aprender a Ser Miembros Los Unos de Los Otros

En nuestro tema anterior, vimos que una de las formas en que mostramos el amor de Cristo es llegando a tener el mismo sentir. Vimos que somos capaces de enseñarles a nuestros hijos físicos y espirituales a tener el mismo sentir al escuchar sus opiniones, deseos e intereses, y luego ayudarlos a aprender, más adelante, a comparar sus opiniones y pensamientos con los pensamientos y caminos de Dios. Hoy vamos a analizar cómo ayudar a nuestros hijos a aprender lo que significa funcionar juntos como las partes del cuerpo. Romanos 12:5 dice: “así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.” Luego, Efesios 4:25 añade: “Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.” En ambos versículos vemos que debemos aprender a ser miembros los unos de los otros. Ese será el enfoque de nuestro tema de hoy.

E primer lugar, el versículo que acabamos de citar, de Romanos 12:5, nos muestra un principio bíblico clave que queremos enseñar a nuestros hijos físicos y espirituales. Queremos ayudar a nuestros hijos a comprender que son parte de un cuerpo y que todos necesitamos lo que las otras partes del cuerpo pueden aportarnos. 1 Corintios 12:22 dice: “Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios.” Al mismo tiempo, las otras partes del cuerpo también necesitan las cosas con las que Dios nos ha equipado y capacitado para aportarles. 1 Corintios 12:7 dice: “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.” Aquí, vemos que nuestros dones no son dados para nuestra gloria, sino para que beneficien a todo el cuerpo. Por eso es tan esencial ayudar a nuestros hijos a darse cuenta de que necesitan a otros cristianos y que otros cristianos los necesitan a ellos.

En segundo lugar, los versículos que anteceden a Romanos 12:5 nos brindan algunos otros principios clave para ayudarnos a entender cómo funcionar como un cuerpo. Romanos 12:3 dice: “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.” En este versículo vemos la actitud que debemos tener con respecto a los dones espirituales que el Señor nos ha dado. Vemos que no debemos tener un concepto más alto del que debemos tener, sino pensar con cordura. Aquí, vemos que debemos tener una actitud humilde acerca de nuestros dones espirituales. 1 Pedro 5:5 dice: “Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes.” Ya que se nos han dado los dones que tenemos, debemos revestirnos de humildad, porque nada podemos hacer con nuestras propias fuerzas.

En tercer lugar, también vemos, en el versículo tres, que Dios ha repartido a cada uno una medida de fe. Aquí, vemos que el Espíritu Santo nos da exactamente lo que necesitamos para cumplir el ministerio que el Señor tiene para nosotros en el cuerpo. 1 Corintios 12:11 dice: “Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.” Aquí, vemos que el Espíritu Santo nos da lo que necesitamos para llevar a cabo la función que Él tiene para nosotros en el cuerpo de Cristo. 1 Pedro 4:10-11 dice: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.” El Espíritu Santo a algunos nos da habilidades para servir, y a otros, habilidades para hablar. Es el Espíritu Santo quien elige qué darnos.

En cuarto lugar, Romanos 12:4-5 dice: “Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.” En el versículo cuatro vemos que, puesto que somos muchas personas diferentes en el cuerpo de Cristo, no todos tenemos la misma función. En el cuerpo físico, nuestras manos y nuestros pies tienen responsabilidades muy diferentes. Queremos ayudar a nuestros hijos a entender que Dios les da a cada uno de ellos una combinación diferente de dones, habilidades, personalidades y experiencias en la vida, porque Dios tiene un ministerio único para ellos en el cuerpo de Cristo. El propósito del Señor no es la uniformidad (que todos hagan lo mismo al mismo tiempo), sino la unidad: que cada uno lleve a cabo el ministerio único para el cual el Señor lo ha capacitado para servir a los demás miembros del cuerpo.

Nunca habrá unidad en ningún cuerpo donde las partes no usen sus diferentes dones para ministrarse unas a otras bajo la dirección del Espíritu Santo. Siempre habrá unidad en cualquier cuerpo donde las partes estén usando sus diferentes dones para ministrarse unas a otras. Efesios 4:3 dice: “solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.” El Espíritu Santo siempre opera en unidad. Guardamos la unidad del Espíritu cuando estamos en sumisión al Espíritu Santo, de modo que le permitimos obrar a través de nuestras vidas. Cuando Cristo oró por nosotros, la noche antes de ser crucificado, dijo en Juan 17:20-21: “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.” Es la unidad del cuerpo, al someternos juntos al Espíritu Santo, lo que hace que el mundo crea que el Padre envió a Cristo.

En quinto lugar, Romanos 12:6-8 nos dice cómo ayudar a nuestros hijos a usar sus dones espirituales, dado que se les han otorgado diferentes dones. Esos versículos dicen: “De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.” Aquí, vemos que debemos mostrarles a nuestros hijos que usamos nuestros dones de diferentes maneras, según la gracia que el Señor nos ha dado a cada uno de nosotros. Como podrán notar, en los siete dones mencionados en estos versículos, no hay dos que deban ejercerse de la misma manera. Al contrario, cada don debe ejercerse de la manera en que el Señor tiene previsto que se ejerza. Esa es la diversidad que hace posible la unidad. El cuerpo humano funciona de la manera más eficaz cuando cada parte opera tal como fue diseñada para hacerlo. Lo mismo ocurre en el cuerpo espiritual.

Efesios 4:25 es el segundo versículo que nos dice que somos miembros los unos de los otros. Los tres versículos anteriores nos brindan algunos otros principios clave para funcionar eficazmente como miembros del cuerpo de Cristo. Efesios 4:22-24 dice: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.”

En sexto lugar, vemos que debemos despojarnos del viejo hombre y renovarnos en el espíritu de nuestra mente para comenzar a pensar bíblicamente en lugar de pensar como piensa el mundo. Romanos 12:2 dice: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” No debemos seguir pensando como el mundo.

En séptimo lugar, debemos vestirnos del nuevo hombre creado según Dios. Esto producirá verdadera justicia y santidad. Aprendemos a vestirnos del nuevo hombre a medida que memorizamos y meditamos en la Palabra de Dios para aprender a pensar bíblicamente. Salmo 1:1-3 dice: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará.” A medida que aprendemos a pensar bíblicamente, comenzamos a comprender la voluntad de Dios.

En octavo lugar, una vez que comprendemos la voluntad de Dios, se vuelve posible para nosotros llevarla a cabo. Esto realmente sucede cuando aprendemos a rendirnos al Espíritu Santo y le pedimos que nos dé Su poder para despojarnos de las acciones que son resultado del pensamiento mundano. Al rendirnos al Espíritu Santo, Él nos da Su fuerza para despojarnos de las cosas mencionadas en Efesios 4:25-31. Esos versículos dicen: “Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo. El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.” Queremos mostrarles a nuestros hijos, mediante nuestro ejemplo, que el Espíritu Santo sí nos da Su poder para despojarnos de estas cosas cuando nos rendimos a Él.

En noveno lugar, al rendirnos al Espíritu Santo, Él nos da la fuerza para vestirnos con las acciones que son resultado del pensamiento bíblico. Efesios 4:32 dice: “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.” Así como modelamos para nuestros hijos el hecho de que el Espíritu Santo nos da el poder para despojarnos de las acciones del viejo hombre, también modelamos para ellos el hecho de que el Espíritu Santo nos da Su fuerza para llevar a cabo las acciones del nuevo hombre.

Es un gran privilegio ser parte del cuerpo de Cristo y poder mostrarles a nuestros hijos físicos y espirituales cómo funcionar como parte del cuerpo de Cristo. Podemos llenarnos de gozo a medida que aprendemos a funcionar en unidad. Que el Señor los bendiga ricamente al ayudar a sus hijos físicos y espirituales a aprender a funcionar eficazmente en el cuerpo de Cristo.

Serie Creciendo Familias Piadosas – Ayudando a Nuestros Hijos a Crecer en El Amor Piadoso 22. "Aprender a Ser Miembros Los Unos de Los Otros" Actualizado en Octubre de 2026 Derechos de autor © 2005, Duane L. Anderson, American Indian Bible Institute; 2022, DLA, Serve and Equip Todas las citas bíblicas de esta publicación han sido tomadas de la Reina-Valera 1960®. Utilizado con permiso. Este recurso está disponible y se distribuye gratuitamente por Serve and Equip https://sveq.org CUALQUIER REPRODUCCIÓN DE MATERIAL PARA REVENTA O GANANCIA ESTÁ ESTRICTAMENTE PROHIBIDA

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