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Ayudando a Nuestros Hijos a Desarrollar un Cristianismo Práctico - James

3. Aprender a Escuchar Bien

Muchas personas, incluidos muchos Cristianos, hablan mucho más de lo que escuchan. Sin embargo, una parte muy importante de nuestro ministerio hacia los demás es aprender a escuchar de verdad. A menos que realmente escuchemos lo que una persona nos está tratando de decir, no podremos compartir los principios bíblicos que verdaderamente le ayudarán en su vida. Por esa razón, una parte clave de nuestro ministerio, hacia nuestros hijos físicos y espirituales, es ayudarles a aprender a ser personas que escuchan de manera eficaz. La segunda parte de nuestro tema de hoy nos ayudará a aprender principios bíblicos para convertirnos en buenos oyentes.

En nuestro tema anterior, vimos que Dios no nos tienta a pecar. Vimos que pecamos cuando cedemos nuestra vida a nuestros propios deseos pecaminosos en lugar de entregarla momento a momento al Espíritu Santo. En lugar de que Dios nos tiente a pecar, Santiago 1:16-17 dice: “Amados hermanos míos, no erréis. Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.” Santiago escribió a Los Cristianos judíos que estaban esparcidos en varios países. Les escribió como a hermanos amados. No quería que Los Cristianos judíos fueran engañados por sus propias decisiones o por cualquiera que pudiera decir que Dios provocó el pecado. Quería que estos Cristianos Judíos entendieran que Dios nos da las cosas que son buenas en lugar de invitarnos a hacer el mal.

Al llegar al versículo diecisiete, vemos que toda buena dádiva proviene de Dios. La palabra que se traduce como “buena” habla de algo que es bueno en su carácter y beneficioso en sus efectos. La primera palabra que se traduce como “dádiva” habla de el acto de dar. Aquí, vemos que todo lo que es bueno en su carácter y beneficioso en su efecto nos es dado por Dios. Como resultado, no podemos jactarnos de nada beneficioso que hagamos, porque solo estamos haciendo lo que el Señor nos ha capacitado para hacer en beneficio de los demás. La segunda palabra que se traduce como “don” habla acerca de la clase de regalo que Dios nos da. La palabra que se traduce como “perfecto” habla de que cada don que Dios nos da es completo o perfecto. Dios nos da buenas dádivas y los dones que Él nos da son completos.

Vemos que estos dones otorgados descienden del Padre de las luces. A Dios se le llama el Padre de las luces porque Él es el Creador. Dios dijo, en Génesis 1:3-5: “Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día.” Aquí, vemos que lo primerísimo que Dios creó fue la luz. Luego, en Génesis 1:16, leemos: “E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas.” Aquí, vemos que Dios es también el Creador de los portadores de luz.

Sin embargo, Dios es más que solo el Creador de la luz física. Él es también el Creador de la luz espiritual. El Señor también da luz espiritual. En Juan 8:12, leemos: “Otra vez Jesús les habló, diciendo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. Luego, Dios le dijo a Pablo, en Hechos 26:17-18: “librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.” Juan 1:9 dice que Cristo es la luz verdadera que alumbra a todo aquel que viene a este mundo. Debido a que Él es la luz verdadera, no hay en Él mudanza ni sombra de variación.

Santiago 1:18 continúa diciendo: “Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.” Aquí, vemos que fue por Su propia voluntad que el Señor nos hizo nacer. Vemos que Cristo determinó sacarnos de nuestras tinieblas espirituales y llevarnos a Su luz. Cristo hizo que llegáramos a la fe mediante la palabra de verdad. Salmo 119:160 dice: “La suma de tu palabra es verdad, Y eterno es todo juicio de tu justicia.” Luego, Romanos 10:17 dice: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” Cuando Cristo oró, la noche antes de morir, dijo en Juan 17:17: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.” En estos versículos, vemos que la Palabra de Dios es tanto la vía por la que llegamos a la fe en Cristo, como también la forma en que continuamos creciendo como Cristianos.

Dios nos escogió, por Su voluntad, porque nos eligió para ser las primicias de Sus criaturas. Las primicias son lo primero y lo mejor de la cosecha que un agricultor recoge de sus sembradíos. En Romanos 8:23, leemos: “y no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.” Como Cristianos, tenemos un privilegio mucho mayor que los santos del Antiguo Testamento, porque sus pecados sólo estaban cubiertos hasta que Cristo viniera. En cambio, nuestros pecados fueron quitados en el momento de la salvación, y recibimos al Espíritu Santo como anticipo y garantía de nuestra salvación.

También es el Espíritu Santo quien nos da el poder de escuchar y hablar de una manera que dé gloria a Dios. Por eso Santiago 1:19-20 continúa diciendo: “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.” Muchas personas en el mundo nunca escuchan realmente a los demás. Cristo quiere que nosotros, como Cristianos, seamos diferentes. La palabra que se traduce como “oír” significa escuchar con atención para comprender lo que realmente se está diciendo. El primer requisito para oír, de esta manera, es ser pronto para escuchar.

Muchas personas nunca escuchan porque quieren dar sus propias opiniones. Proverbios 18:2 dice: “No toma placer el necio en la inteligencia, Sino en que su corazón se descubra.” En cambio, Proverbios 17:27 dice: “El que ahorra sus palabras tiene sabiduría; De espíritu prudente es el hombre entendido.” Aquí, vemos que una persona sabia se toma el tiempo para escuchar con atención lo que otros dicen. Queremos mostrarles a nuestros hijos, con nuestro ejemplo, la importancia de tomarse el tiempo para escuchar con atención lo que cada persona dice. Una persona que tiene verdadero entendimiento también tendrá un espíritu sereno. Tendremos un espíritu sereno si les damos a los demás la oportunidad de expresar sus opiniones, pero no tomamos esas opiniones de manera personal.

Por eso Santiago dice que debemos ser tardos para hablar y tardos para airarnos. Proverbios 15:1 dice: «La blanda respuesta quita la ira; Mas la palabra áspera hace subir el furor.” La gente rara vez escuchará a una persona enojada que habla con palabras ásperas. Las personas que están enojadas a menudo hablan con palabras ásperas. En cambio, Proverbios 16:21 dice: "El sabio de corazón es llamado prudente, Y la dulzura de labios aumenta el saber.” Si ayudamos a nuestros hijos a aprender a hablar con dulzura, los demás los escucharán y, como resultado, tendrán la oportunidad de enseñar a otros.

Si realmente escuchamos y también somos tardos para hablar, eso nos ayudará a ser tardos para airarnos. Esto es muy importante, porque vemos que la ira no obra la justicia de Dios. La palabra que se traduce como “ira” puede referirse al enojo o al temperamento, o puede referirse al castigo que una persona da a causa de su enojo. Esto significa que es muy importante distinguir entre el castigo y la disciplina. Castigaremos si estamos enojados con la persona. En cambio, la disciplina tiene como propósito la corrección y se hace con amor. Gálatas 6:1 dice: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.” Aquí, vemos que aun cuando una persona es sorprendida en el acto mismo de pecar, nuestra meta es restaurar la relación de esa persona con el Señor con un espíritu de mansedumbre.

La verdadera disciplina de nuestros hijos ocurrirá de manera más eficaz si les ayudamos a entender sus decisiones y las consecuencias de esas decisiones. Les ayudamos a entender que si toman decisiones sabias, habrá buenas consecuencias. Les ayudamos a entender que si toman decisiones pecaminosas, cosecharán las malas consecuencias de esas decisiones pecaminosas. En Josué 24:15, Josué le dijo al pueblo de Israel: “Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” Aquí, vemos que Josué le dijo al pueblo que tenía tres opciones. Luego, en Josué 24:20, Josué le dijo al pueblo las consecuencias si decidían servir a dioses ajenos. Ese versículo dice: “Si dejareis a Jehová y sirviereis a dioses ajenos, él se volverá y os hará mal, y os consumirá, después que os ha hecho bien.” Podían servir a Dios y ser bendecidos, o servir a dioses ajenos y experimentar juicio.

Santiago nos anima a tomar decisiones sabias, en Santiago 1:21, donde leemos: “Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas.” Se nos anima a tomar la decisión de desechar la inmundicia (las cosas que contaminan) y la abundancia de malicia (el quebrantamiento de la ley). Esto traerá malas consecuencias. En cambio, se nos anima a tomar la decisión de recibir la Palabra de Dios con un espíritu apacible. Eso producirá una buena consecuencia, porque al recibir la Palabra de Dios con un espíritu apacible, salvará nuestras almas. Juan 10:10 muestra los resultados de esta elección cuando dice: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” Ayudamos a nuestros hijos a aprender a mostrarles a los demás que tienen una opción. Ayudamos a otros a comprender que queremos ofrecerles la misma opción que Moisés ofreció al pueblo de Israel, en Deuteronomio 30:19, donde leemos: “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia,” Que el Señor le bendiga abundantemente mientras ayuda a sus hijos a aprender a ser buenos oyentes y a tomar decisiones sabias.

Serie Creciendo Familias Piadosas -Ayudando a Nuestros Hijos a Desarrollar un Cristianismo Práctico - James 3. "Aprender a Escuchar Bien" Actualizado en Octubre de 2026 Derechos de autor © 2005, Duane L. Anderson, American Indian Bible Institute; 2022, DLA, Serve and Equip Todas las citas bíblicas de esta publicación han sido tomadas de la Reina-Valera 1960®. Utilizado con permiso. Este recurso está disponible y se distribuye gratuitamente por Serve and Equip https://sveq.org CUALQUIER REPRODUCCIÓN DE MATERIAL PARA REVENTA O GANANCIA ESTÁ ESTRICTAMENTE PROHIBIDA

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