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Ayudando a Nuestros Hijos a Desarrollar un Cristianismo Práctico - James

4. Aprender a Practicar La Obediencia a Dios

En nuestro tema anterior, concluimos diciendo que Dios nos da la oportunidad de tomar decisiones. Como Cristianos, el Señor también nos da el poder para llevar a cabo esas decisiones a medida que nos rendimos al Espíritu Santo momento a momento. Si tomamos buenas decisiones, cosechamos buenas consecuencias. Si tomamos decisiones pecaminosas, cosechamos malas consecuencias. Queremos mostrarles a nuestros hijos físicos y espirituales cómo ayudar a otros a aprender a tomar decisiones sabias para que puedan cosechar las bendiciones del Señor. Hoy aprenderemos cómo equipar a nuestros hijos para que tomen decisiones sabias.

Santiago 1:22 dice: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándose a vosotros mismos.” Aquí, vemos que se nos da a elegir. Podemos ser simplemente oidores de la Palabra de Dios, o podemos elegir ser hacedores de la Palabra de Dios. Este versículo nos muestra las consecuencias si decidimos ser solo oidores de la Palabra de Dios. En realidad, estamos tomando la decisión de engañarnos a nosotros mismos. Mateo 7:24-27 dice: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.” Vemos que podemos optar por escuchar pero no obedecer la Palabra de Dios. Si tomamos esa decisión, Dios dice que seremos insensatos y nos engañaremos a nosotros mismos. En contraste, vemos que seremos sabios si elegimos escuchar y obedecer la Palabra de Dios.

Santiago continúa dando una ilustración de cómo las personas se engañan a sí mismas si eligen escuchar la Palabra de Dios pero no obedecerla. Santiago 1:23-24 dice: “Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, este es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era.” Aquí, vemos el proceso por el que pasa una persona insensata cuando toma la decisión de escuchar, pero no obedecer, la Palabra de Dios. Tal persona hace tres cosas: se observa a sí misma; sigue su camino; olvida de inmediato lo que ha visto.

La palabra que se traduce como “considera” significa fijar los ojos o la mente en algo. Se usa en Hebreos 10:24-25, donde leemos: “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.” Aquí, vemos que debemos fijar nuestros ojos y pensamientos en las necesidades de otros Cristianos. Si observamos y obedecemos, obtendremos una buena consecuencia, porque estimularemos el amor y las buenas obras en otros Cristianos al reunirnos con ellos y animarlos. En contraste, si observamos con atención a otros Cristianos y no los animamos, no estimularemos el amor ni las buenas obras, por lo que no habrá ningún beneficio aun cuando hayamos observado una oportunidad para hacer el bien.

La segunda cosa que hace una persona cuando se engaña a sí misma es seguir su camino. Cristo habló de dos hombres que se engañaron a sí mismos y siguieron su camino en la parábola del buen samaritano, en Lucas 10:25-37. Lucas 10:31-32 dice: “Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo.” Ambos hombres perdieron la oportunidad de hacer el bien, porque vieron una oportunidad y siguieron su camino.

La tercera cosa que hace una persona cuando se engaña a sí misma es olvidar de inmediato lo que ha visto. Los discípulos hicieron esto en Juan 4. Fueron a la ciudad samaritana de Sicar y vieron a la gente. Pero, cuando regresaron a Cristo, ya habían olvidado lo que habían visto. Como resultado, Cristo les dijo a los discípulos en Juan 4:35: “¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.” Poco tiempo después, la mujer samaritana fue a la misma ciudad, vio a la misma gente y puso manos a la obra. Juan 4:39 dice: “Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho.” Esta mujer, y muchos otros, recibieron la vida eterna gracias a la decisión que ella tomó.

Santiago 1:25 habla del hombre sabio que toma decisiones sabias y recibe grandes bendiciones debido a esas decisiones. Ese versículo dice: «Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, este será bienaventurado en lo que hace.” La perfecta ley de la libertad se explica en Gálatas 5:13, donde leemos: “Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.” Aquí, vemos que cumplimos la ley de la libertad cuando nos servimos unos a otros por amor. Vemos que debemos perseverar en la ley de la libertad, lo que significa que si practicamos la verdadera obediencia, buscamos continuamente oportunidades para servirnos unos a otros por amor y luego aprovechamos esas oportunidades para servirnos unos a otros por amor.

Aquí, vemos que El Cristiano que decide obedecer la ley de la libertad lo hace al elegir no ser un oidor olvidadizo. Más bien, es una persona que decide hacer lo que Dios dice que haga. La recompensa que Dios promete a la persona que es obediente a su Palabra es la bendición en las cosas que hace. Salmo 1:1-3 dice: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará.” Aquí, vemos que una de las cosas que deseamos ayudar a que nuestros hijos experimenten es la bendición del Señor por haber decidido obedecer Su Palabra.

Santiago 1:26-27 nos da tres ejemplos distintos sobre la manera en que practicamos la obediencia al Señor. En primer lugar, practicamos la obediencia a través de nuestra adoración personal. Santiago 1:26 dice: “Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana.” La palabra que aquí se traduce como “religioso” habla de una persona que teme o adora a Dios. Aquí, vemos de nuevo el peligro del autoengaño. Este versículo dice que la persona que no refrena su lengua ha engañado a su propio corazón. Esto es verdad debido a que nuestras palabras reflejan lo que hay en nuestro corazón.

Este versículo dice que la adoración de una persona que no está aprendiendo a refrenar su lengua es inútil. Cristo citó a Isaías cuando dijo en Mateo 15:7-9: “Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres.” Aquí, vemos que la adoración falsa consiste en enseñar las doctrinas de los hombres. La verdadera adoración debe brotar del corazón.

En cambio, Mateo 12:35 dice: “El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas.” La primera parte del versículo muestra lo que se requiere para la obediencia al adorar al Señor con nuestras palabras. Juan 4:23-24 dice: “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.” De acuerdo con estos versículos escritos en los tiempos del Nuevo Testamento, la verdadera adoración solo ocurre cuando rendimos nuestro espíritu humano al Espíritu Santo. Esta verdadera adoración se enfoca en enseñar la Palabra de Dios en lugar de las doctrinas de los hombres. Necesitamos ayudar a nuestros hijos a comprender que Dios busca personas que le adoren rindiéndole su espíritu, obedeciendo Su Palabra en sus propias vidas y luego compartiendo la Palabra de Dios con los demás.

Santiago 1:27 nos enseña otras dos maneras en las que practicamos la obediencia al Señor en nuestra adoración. Ese versículo dice: “La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.” En segundo lugar, vemos que practicamos la obediencia en nuestra adoración a través de nuestro servicio. Los huérfanos son niños cuyos padres han muerto, y las viudas son mujeres cuyos esposos han fallecido. La palabra que se traduce como “visitar” significa cuidar con el fin de atender y ayudar en sus necesidades. En la mayoría de las culturas, ellos son los más pobres entre los pobres, pues no tienen a nadie que los cuide. Pablo concluyó sus últimas palabras a los líderes de la iglesia en Éfeso diciendo, en Hechos 20:35: “‘En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir.” Vemos que la verdadera obediencia y adoración implica atender las necesidades de los pobres y los desamparados.

En tercer lugar, vemos que practicamos la obediencia en nuestra adoración al vivir una vida santa. Efesios 1:3-4 dice: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él.” Luego, 1 Pedro 1:15-16 dice: “sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.” Queremos mostrarles a nuestros hijos naturales y espirituales, con nuestro ejemplo, cómo vivir vidas santas.

Es un gran privilegio mostrarles tanto a nuestros hijos naturales como a los espirituales cómo crecer y ser más como Cristo a medida que aprenden a poner en práctica la obediencia al Señor en sus vidas. Que el Señor le bendiga abundantemente mientras le muestra a sus hijos, con su ejemplo, cómo llevar una vida de obediencia al Señor.

Serie Creciendo Familias Piadosas -Ayudando a Nuestros Hijos a Desarrollar un Cristianismo Práctico - James 4. "Aprender a Practicar La Obediencia a Dios" Actualizado en Octubre de 2026 Derechos de autor © 2005, Duane L. Anderson, American Indian Bible Institute; 2022, DLA, Serve and Equip Todas las citas bíblicas de esta publicación han sido tomadas de la Reina-Valera 1960®. Utilizado con permiso. Este recurso está disponible y se distribuye gratuitamente por Serve and Equip https://sveq.org CUALQUIER REPRODUCCIÓN DE MATERIAL PARA REVENTA O GANANCIA ESTÁ ESTRICTAMENTE PROHIBIDA

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